diumenge, 12 de febrer del 2012
Por el momento en el que colgué este texto por primera vez.
Té de frutas del bosque mezclado con té de China, todo adornado por una galleta de coco con chocolate y una cachimba con sabor a plátano. Verdades y trampas que se quedan en un bar. Miradas que no son sólo miradas. Miradas que son lo único que no se deterioran con el tiempo. Miradas que quieren odiar, que se autoconvencen de ello pero que cuando se cruzan se olvidan y simplemente son. Meses sin que esas miradas se mirasen. Meses ausentes, miradas observadoras, pacientes, amistosas. Miradas que sólo son miradas si se miran entre ellas. Ojos. Ojos oscuros, profundos. Profundos. Profunda la ciudad dónde te pierdes, no sólo una, sino dos veces. Largos los caminos, los atajos, el campo verde. Colina abajo. Te quieros sinceros. Bromas dolorosas sobre Galícia. Móviles sonando en silencio. Silencio cuando las miradas se miran. Sonrisas cuando las miradas se miran. ¿La cachimba se paga? No tenía ni la más remota idea, pero tenemos el dinero justo. ¿Cómo volvería a casa? Pues gracias a ti.
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