dijous, 24 de juny del 2010

Cosas que no hemos dicho

No nos hemos dicho “adiós” pero sé que es una despedida.

No nos hemos dicho “te odio”, ya que no lo sentimos.

No nos hemos dicho “me lo pasé bien” pero los dos sabemos que fue así.

No nos hemos dicho “que te vaya bien la vida” ya que piensas quedarte.

No nos hemos dicho “te echaré de menos” porque no pensamos alejarnos el uno del otro.

No nos hemos dicho “volveremos a vernos” porque quizás no es lo adecuado.


Pero lo que si que nos hemos dicho ha sido “hasta otra”, “te quiero, zorra” y “hablamos mañana”.

dissabte, 19 de juny del 2010

Viaje maritimo

Te perdí como perdí la bolita marrón de mi trenza azul verdosa y amarillenta. Cayó lentamente desde el final de la trenza dejando atrás todos los colores y dejándose llevar por el efecto de la gravedad hasta dar contra aquella madera del puerto. Tan solo con dos botes cayó al mar y la vi flotar en aquel mar asqueroso a causa de la porquería que desprenden los barcos.

Solo tú viste como cayó, sin salvarla del abismo, sin salvarla de que los peces se adueñaran de ella, sin salvarla de una marea que quien sabe hacia dónde la llevaría. Solo tú pudiste salvarla pero no lo hiciste. La miraste, viste como se alejaba de mi pelo y daba vueltas lentamente por aquella franja entre madera i madera hasta llegar al cruel destino. La observaste, sin decir nada al respecto. Simplemente, al darme cuenta yo, te reíste y dijiste: se te ha caído al mar la bolita marrón que habías perdido hoy, encontraste y seguidamente hoy mismo has vuelto a perder, definitivamente, sin remedio alguno. Esther, como no te tires a cogerla…

Sólo habían dos opciones:

1. Tirarte de cabeza al mar a recoger la preciada bolita de madera.

2. Dejarla marchar, vagabunda pero libre, y que siguiera su rumbo empujada por las olas.
Ahora todos sabemos la opción que escogiste, ya que ahora no me queda ni la bola, ni la trenza, ni tu risa.

diumenge, 13 de juny del 2010

Vente conmigo

Algo brilla allí al fondo. Hay un largo camino. No sé cuanto se puede tardar. Quizá dos minutos. Quizá dos semanas, o meses, o años. Me puedo encontrar con vacíos sin fin, donde nadie podría encontrarme jamás. También puedo encontrarme con bosques frondosos con peligros al acecho continuamente. Pero también puedo encontrarme mariposas revoloteando alrededor de un tulipán o una cebra contándose las rallas de su piel. Y locuras, supongo. Y cosas terribles. Y bonitas. Y horribles y odiosas. ¿Y amor? Quizás también amor. Pero prefiero traerlo de casa. ¿Me acompañas a por aquello tan brillante? ¿Que qué es? Es la felicidad, cariño.