Hoy os he echado de menos, pero no os he dicho nada. Ni os he llamado, ni os he escrito. Lo único que me ha venido a la cabeza es que vosotras no me echáis de menos, así que me he sentido mal. Pero... ¿y si hoy vosotras también me habéis echado de menos pero, al igual que yo, no me habéis dicho nada? Seguramente seréis vosotras las que penséis que no os echo de menos, así que estamos empate, supongo.
Puede que corramos en direcciones distintas, opuestas. Tal vez cada una avanzamos por un carril distinto, el que nosotras creemos correcto y esperamos que la otra nos siga y corra tras el nuestro propio, pero alomejor estamos tan pendientes de seguir adelante que no tenemos ni un segundo de nuestro tiempo para girarnos, mirar hacia atrás, ver la posición de la otra y gritar: ¡EH,QUE ESTOY AQUÍ! Y preguntar: ¿Vienes? Y decirnos: ¡Cámbiate de carril! ¡Vámonos, vente conmigo!
Pero no, no nos dignamos ni a eso.
Supongo que las personas cambian y siguen su propio camino. A todos nos gustaría que la gente se girara y nos dijera que quieren seguir el camino a nuestro lado. Pero sigo suponiéndome que, aunque me ponga muy triste, todos hacemos nuevos amigos y tal vez prestemos menos atención a los antiguos, a los que siempre han estado ahí.
No puedo enfadarme, yo también lo habré hecho, así que ajo y agua, y como dirías tu: pa’ lo que nos queda en el convento, dos monjas me comen el pimiento.