dimarts, 3 de maig del 2011

Errare humanum est et confiteri errorem, prudentis.

Hay personas que simplemente llegan para quedarse. Son personas que por mucho que quieras echar de tu vida, ahí van a estar, en contra de tu voluntad o de la suya. Son personas que han dejado huella en ti, que han llegado a ser personas muy importantes en tu vida y que te quieren y te valoran. Cuando conoces a una de ellas, lo sabes. Se separarán y se juntarán y así sucesivamente pero su rastro queda grabado en ti para siempre. No es bueno ni malo, simplemente es un hecho, un hecho con el cual hay que aprender a convivir. Yo estoy en ello.

Hay personas que no saben odiar y otras que les encanta recochinearse en el odio hacia alguien, restregando los errores y los hechos no tan erróneos a la gente cuando en teoría ya la has perdonado. Considero que yo estoy dentro de las que no saben o les cuesta. Por eso mismo utilizo la palabra odiar muy a la ligera y vacía de sentimiento. Al contrario que querer y amar. Si no lo siento no lo oiréis nunca.

No quiero que pienses en ningún instante de tu vida que te odio. No es así, por mucho que te lo diga cuando me haces enfadar, me llamas rubia enana y me haces cosquillas dolorosas. Sé valorarte y cada vez lo hago más, me imagino un día o una semana sin ti y está vacía. No me imagino un mes porque sé que es bastante imposible que ocurra.

Te quiero y odio, porque hay cosas que si que odio, que a veces no lo creas.